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[074] Filosofía en videoconferencia: cómo Nexum reinventa el diálogo en la era digital

La serie Nexum, del autor Alfred Batlle Fuster, se inscribe en una tradición híbrida que combina ficción, filosofía y crítica cultural, pero lo hace mediante un dispositivo formal profundamente contemporáneo: la simulación de videoconferencias entre pensadores históricos que debaten problemáticas del siglo XXI. Este recurso, aparentemente lúdico, introduce una ruptura significativa respecto a las formas clásicas de divulgación filosófica, ya que desplaza el eje desde la narración o el ensayo hacia una especie de “escenificación del pensamiento en directo”. En este sentido, Nexum no solo transmite ideas, sino que dramatiza el acto mismo de filosofar en un entorno mediado por la tecnología digital, generando una experiencia que se aproxima más a una performance dialógica que a una obra literaria convencional.

La comparación más inmediata y frecuente se establece con Jostein Gaarder, especialmente por su obra más célebre, El mundo de Sofía. Ambos autores comparten una vocación pedagógica clara: hacer accesible la filosofía a un público amplio mediante recursos narrativos que suavizan la abstracción conceptual. Sin embargo, mientras Gaarder opta por la estructura de la novela de aprendizaje — con personajes ficticios, progresión narrativa y un desarrollo emocional que acompaña al descubrimiento intelectual — , Batlle Fuster prescinde casi por completo de la trama en favor de un espacio de confrontación directa entre ideas. En Nexum, no hay iniciación progresiva, sino inmersión inmediata en el conflicto filosófico; el lector no sigue una historia, sino que asiste a una discusión. Esta diferencia no es menor: implica un cambio de paradigma desde la pedagogía narrativa hacia la dialéctica performativa.

El tono distingue profundamente ambas propuestas. Gaarder cultiva una prosa evocadora, casi poética, que busca despertar el asombro metafísico a través de la contemplación y la curiosidad gradual. En cambio, Nexum adopta un registro más incisivo, irónico y en ocasiones abiertamente satírico. La presencia de figuras como Nietzsche, Sócrates o pensadores contemporáneos en un entorno digital genera un contraste deliberadamente anacrónico que funciona como herramienta crítica: la filosofía no aparece como un saber distante, sino como una práctica viva que se enfrenta — a veces con humor negro — a fenómenos como la inteligencia artificial, el turismo masivo o la banalización del discurso público. Así, mientras Gaarder introduce al lector en la historia del pensamiento, Batlle Fuster hace que esa historia colisione con el presente de manera inmediata y sin mediaciones narrativas.

Este desplazamiento también afecta al papel del lector. En El libro del amor y otras obras de Gaarder, el lector es guiado cuidadosamente, casi como un alumno dentro de un itinerario formativo. En Nexum, por el contrario, el lector adopta una posición más activa e incluso incómoda: debe orientarse en medio de voces múltiples, referencias cruzadas y tensiones conceptuales que no siempre se resuelven. La obra no busca tanto explicar como provocar, no tanto enseñar como activar un pensamiento propio. En este sentido, se aproxima más a la tradición del diálogo filosófico clásico, pero reinterpretado bajo las condiciones tecnológicas y culturales del siglo XXI.

La relación entre Gaarder y Batlle Fuster puede entenderse como la diferencia entre dos modos de hacer accesible la filosofía: uno basado en la narración y la progresión didáctica, y otro en la confrontación directa y la actualización crítica. Si Gaarder convierte la filosofía en una historia que se despliega ante el lector, Nexum convierte la filosofía en un acontecimiento que sucede en tiempo real, como si el pensamiento mismo hubiera migrado a la pantalla y exigiera ser experimentado más que simplemente comprendido.

2.

Si la relación con Jostein Gaarder permite entender el componente pedagógico de Nexum, la comparación con Umberto Eco abre una dimensión distinta: la del juego intelectual, la intertextualidad y la crítica cultural en clave posmoderna. Obras como El nombre de la rosa o El péndulo de Foucault constituyen auténticos laberintos de significados donde la erudición no es solo un recurso, sino el propio tejido de la narración. Eco construye mundos densos, saturados de referencias, en los que el lector debe descifrar múltiples niveles de sentido, enfrentándose a una especie de exceso de inteligencia que a menudo roza lo conspirativo o lo irónicamente hermético.

Nexum comparte con Eco el impulso de mezclar registros — filosofía, cultura popular, crítica social — y de tensionar las fronteras entre ficción y ensayo. Ambos autores entienden que el pensamiento no se presenta en estado puro, sino mediado por signos, discursos y dispositivos culturales. Asimismo, los dos recurren al anacronismo como herramienta: Eco hace dialogar épocas y tradiciones en estructuras narrativas complejas, mientras que Batlle Fuster sitúa directamente a filósofos de distintos siglos en un mismo espacio digital, forzando un choque temporal que revela la vigencia — o la obsolescencia — de determinadas ideas.

Sin embargo, la divergencia es clara y significativa. Eco cultiva una estética de la complejidad que exige un lector altamente implicado, dispuesto a perderse en digresiones, citas en latín y estructuras narrativas enrevesadas. Su obra responde a una lógica de acumulación: cuantos más signos, más posibilidades interpretativas, pero también mayor riesgo de saturación. Batlle Fuster, por el contrario, opta por una estrategia de simplificación formal que no implica superficialidad, sino concentración. En Nexum, las ideas se enfrentan sin el filtro de una trama elaborada o de una arquitectura simbólica excesiva; el lenguaje es más directo, más oral, más cercano al ritmo de una conversación real, aunque cargado de ironía y tensión crítica.

Esta diferencia se traduce también en la función de la obra. En Eco, el lector participa en un juego intelectual donde el placer reside en la interpretación, en la reconstrucción de significados ocultos y en la detección de referencias. Hay una dimensión lúdica que, aunque crítica, mantiene cierta distancia con la urgencia del presente. En Nexum, en cambio, el juego es sustituido por la confrontación: no se trata tanto de descifrar como de posicionarse. Los temas abordados — la digitalización de la vida, la inteligencia artificial, la crisis del sentido — no aparecen como enigmas culturales, sino como problemas inmediatos que exigen respuesta.

Mientras Eco se mueve en una lógica claramente posmoderna — donde la verdad se fragmenta y se multiplica en interpretaciones — , Batlle Fuster parece buscar una salida a ese relativismo. La serie no se limita a mostrar la proliferación de discursos, sino que intenta articular, especialmente en sus desarrollos más avanzados, una propuesta que recupere cierta orientación ética. En este sentido, Nexum no se queda en la deconstrucción, sino que apunta hacia una reconstrucción posible, aunque sea provisional o polémica.

La relación entre Eco y Batlle Fuster puede entenderse como la diferencia entre dos modos de abordar la complejidad contemporánea: uno que la amplifica hasta convertirla en un sistema de signos casi infinito, y otro que la condensa en un espacio de diálogo directo donde las ideas chocan sin mediaciones. Si Eco construye catedrales intelectuales en las que el lector deambula, Nexum instala una mesa de debate en la que el pensamiento se expone, se contradice y, sobre todo, se pone a prueba en tiempo real.

3.

El diálogo con la obra de Jorge Luis Borges sitúa a Nexum en un plano más profundo y menos evidente: el de la metafísica del tiempo, el infinito y la condensación de lo absoluto en lo mínimo. Textos como El Aleph o El jardín de senderos que se bifurcan exploran la paradoja de un instante que contiene todos los instantes, de un punto en el espacio donde converge la totalidad del universo, o de un tiempo que se ramifica infinitamente en posibilidades simultáneas. Esta intuición — a la vez vertiginosa y poética — encuentra un eco claro en la formulación conceptual que atraviesa Nexum, especialmente en su desarrollo de la llamada Eternidad Infinitesimal.

Ambos autores comparten, por tanto, una preocupación central: cómo pensar lo infinito sin disolver la experiencia concreta, cómo captar la totalidad sin perder el instante. Borges lo hace a través de ficciones breves, cargadas de simbolismo y ambigüedad, donde el lector se enfrenta a una especie de abismo conceptual que rara vez se resuelve. Sus textos no ofrecen salidas, sino que intensifican la conciencia de la paradoja: el infinito no es habitable, solo contemplable — y a menudo con una mezcla de fascinación y angustia. En cambio, Batlle Fuster toma esa misma intuición y la desplaza hacia un terreno ético y práctico. La Eternidad Infinitesimal no se presenta como un enigma literario, sino como una herramienta conceptual para reconfigurar la experiencia del presente.

Aquí emerge una diferencia fundamental de tono y de intención. Borges cultiva un escepticismo radical: sus laberintos temporales y sus infinitos son, en última instancia, irresolubles, y esa irresolución forma parte de su belleza. El conocimiento, en su obra, tiene algo de ilusorio o de inalcanzable; incluso cuando se vislumbra una totalidad, esta resulta insoportable o incomprensible. Por el contrario, Nexum introduce una inflexión afirmativa: el instante no es un vértigo que paraliza, sino una oportunidad que puede ser habitada con intensidad. La paradoja se transforma en posibilidad.

Este desplazamiento implica también un cambio en la relación con el lector. En Borges, el lector es un explorador de estructuras conceptuales que lo superan; su tarea consiste en aceptar la complejidad y, en cierto modo, rendirse ante ella. En Nexum, el lector es interpelado como agente: no se le invita solo a contemplar el infinito, sino a incorporarlo en su forma de vivir el tiempo. La filosofía deja de ser una experiencia estética o intelectual para convertirse en una práctica existencial.

No obstante, sería reductivo entender esta diferencia como una simple oposición entre pesimismo y optimismo. Más bien se trata de dos modos de habitar la misma intuición metafísica. Borges revela el problema en toda su profundidad y ambigüedad; Batlle Fuster intenta responder a ese problema desde el presente, en un contexto marcado por la aceleración digital y la fragmentación de la atención. En este sentido, podría decirse que Nexum traduce al lenguaje del siglo XXI algunas de las intuiciones más radicales de Borges, pero lo hace con una voluntad de intervención que el autor argentino, deliberadamente, evitaba.

La relación entre ambos no es de influencia directa, sino de resonancia conceptual. Donde Borges construye espejos infinitos en los que el pensamiento se pierde, Nexum intenta convertir ese reflejo en una herramienta de orientación. El infinito deja de ser únicamente un objeto de contemplación estética para convertirse en un principio operativo que redefine la experiencia del instante, desplazando así la metafísica desde la literatura hacia una forma de ética aplicada al presente.

4.

El diálogo con el pensamiento de Byung-Chul Han introduce a Nexum en el núcleo más reconocible de la crítica contemporánea a la modernidad tardía: la aceleración, la hipertransparencia, el agotamiento psíquico y la disolución de las estructuras simbólicas que daban espesor al tiempo humano. Obras como La sociedad del cansancio o La expulsión de lo distinto articulan un diagnóstico preciso y penetrante de una cultura que ha sustituido la negatividad — el conflicto, la alteridad, el límite — por una positividad excesiva que desemboca en autoexplotación, narcisismo y fatiga estructural. En este marco, el tiempo deja de ser una experiencia densa y significativa para convertirse en una sucesión de instantes vacíos, consumidos bajo la lógica del rendimiento.

Nexum no solo dialoga con este diagnóstico, sino que lo incorpora explícitamente al convertir a Han en uno de los interlocutores dentro de su dispositivo narrativo. Este gesto es revelador: Batlle Fuster no trata al filósofo como una autoridad externa, sino como una voz más en un espacio de debate donde ninguna posición queda exenta de cuestionamiento. De este modo, la crítica de Han es reconocida en su potencia analítica, pero también sometida a tensión, especialmente en lo que respecta a su tonalidad marcadamente pesimista. Mientras Han describe un sistema cerrado, difícilmente escapable, Nexum introduce la posibilidad de fisuras, de interrupciones en la lógica dominante.

La diferencia fundamental radica en la orientación de cada propuesta. Han opera desde una lógica diagnóstica: su escritura es densa, aforística y en ocasiones deliberadamente oscura, como si el propio estilo reflejara la opacidad de los fenómenos que describe. Su filosofía tiende hacia una especie de melancolía estructural, donde la conciencia crítica no necesariamente se traduce en acción transformadora. Batlle Fuster, en cambio, desplaza el énfasis hacia la intervención. La serie no se limita a describir la crisis del tiempo, sino que intenta reformular la experiencia temporal a través de conceptos operativos como la Eternidad Infinitesimal, concebida como una forma de resistencia frente a la fragmentación y la superficialidad del presente digital.

Este contraste se manifiesta también en el uso del lenguaje y del formato. Han escribe ensayos breves pero conceptualmente densos, que requieren una lectura lenta y atenta; su pensamiento se despliega en una especie de condensación filosófica que puede resultar hermética para el lector no especializado. Nexum, por el contrario, adopta una forma dialógica y dinámica que simula la inmediatez de una conversación en línea. Esta elección no es meramente estética: refleja una voluntad de situar la filosofía en el mismo terreno donde se produce la aceleración que se critica. Es decir, Batlle Fuster no se retira del espacio digital para analizarlo desde fuera, sino que lo habita y lo transforma en escenario de pensamiento.

Además, mientras Han insiste en la pérdida de rituales como uno de los síntomas centrales de la modernidad tardía, Nexum podría interpretarse como un intento de crear un nuevo tipo de ritual: la conversación filosófica mediada por tecnología. Aunque irónica y a veces caótica, esta forma de encuentro recupera, en clave contemporánea, la dimensión comunitaria del pensamiento, sugiriendo que incluso en un entorno dominado por algoritmos y pantallas es posible generar espacios de reflexión compartida.

La relación entre ambos autores se configura como una tensión productiva entre diagnóstico y propuesta. Byung-Chul Han identifica con precisión las patologías del presente, pero tiende a subrayar su carácter estructural y persistente; Alfred Batlle Fuster, sin negar ese diagnóstico, introduce una dimensión de agencia que busca reabrir el horizonte de posibilidades. Si Han describe el agotamiento del sujeto contemporáneo, Nexum ensaya, dentro de su propio dispositivo narrativo, formas de reactivar su capacidad de atención, de presencia y de sentido en medio del ruido digital.

5.

Más allá de las comparaciones específicas con Jostein Gaarder, Umberto Eco, Jorge Luis Borges o Byung-Chul Han, la serie Nexum se sitúa también en diálogo con una constelación más amplia de tradiciones y figuras que permiten afinar su posición dentro del panorama filosófico y literario contemporáneo. En primer lugar, resulta inevitable evocar a Platón y sus diálogos, no solo como antecedente formal, sino como modelo de pensamiento en movimiento. Al igual que en textos como el Fedón o la República, en Nexum la verdad no se presenta como un contenido cerrado, sino como el resultado provisional de una confrontación entre voces. Sin embargo, Batlle Fuster introduce un elemento decisivo: el anacronismo tecnológico. La conversación filosófica ya no tiene lugar en la ágora, sino en una videollamada, lo que transforma radicalmente su ritmo, su tono y sus interrupciones, incorporando incluso el ruido, la latencia o la fragmentación como parte del propio pensamiento.

Asimismo, pueden rastrearse afinidades con pensadores como Jean Baudrillard o Slavoj Žižek, especialmente en el uso de la provocación, la ironía y la crítica a la hiperrealidad contemporánea. Como en Baudrillard, la realidad digital aparece en Nexum como un espacio de simulación donde las representaciones tienden a sustituir a lo real; y, al modo de Žižek, el discurso incorpora giros inesperados, humor y referencias culturales que desestabilizan cualquier lectura complaciente. No obstante, Batlle Fuster se distancia de ambos en su voluntad de no quedar atrapado en la pura crítica: allí donde Baudrillard tiende hacia un nihilismo elegante y Žižek hacia una crítica interminable, Nexum intenta articular una salida, por provisional que sea.

En el contexto español, la obra puede ponerse en relación con la tradición ontológica del vínculo representada por Víctor Gómez Pin, donde el ser no se entiende como sustancia aislada, sino como relación constitutiva. Esta perspectiva resuena claramente en la estructura misma de Nexum: el pensamiento no emerge de una voz individual, sino de la interacción entre múltiples perspectivas que se afectan mutuamente. La verdad, en este sentido, no es algo que se posee, sino algo que se construye en el entre — en el “nexo” que da nombre a la serie.

Resulta significativo situar Nexum en relación con fenómenos recientes como las iniciativas informales de diálogos filosóficos en línea surgidas durante la pandemia, a veces denominadas de forma coloquial como “Zoom de Platón”. Aunque no constituyen una obra literaria en sentido estricto, estas experiencias anticipan el tipo de espacio que Batlle Fuster formaliza y lleva al terreno de la escritura: un lugar donde la filosofía se practica en tiempo real, mediada por tecnología, pero sin renunciar a su profundidad. Nexum podría entenderse, en este sentido, como la literaturización de una práctica ya existente, elevada a un dispositivo artístico y conceptual coherente.

La serie de Alfred Batlle Fuster ocupa una posición singular difícil de clasificar dentro de las categorías tradicionales. No es plenamente novela filosófica, ni ensayo académico, ni simple divulgación. Se aproxima más a una forma de performance filosófica digital, donde el pensamiento se despliega como acontecimiento, atravesado por tensiones contemporáneas y por una voluntad explícita de intervención. Su originalidad no reside únicamente en el formato — la videoconferencia como espacio de diálogo — , sino en la articulación de una propuesta que intenta ir más allá de la crítica, proponiendo una reconfiguración de la experiencia del tiempo y del sentido en la era digital.

En un panorama donde la filosofía divulgativa oscila entre la simplificación excesiva y la especialización inaccesible, Nexum se instala en un territorio intermedio: exigente pero no hermético, provocador pero no arbitrario, contemporáneo sin renunciar a la tradición. Esa posición, inestable pero fértil, es precisamente la que le permite funcionar no solo como obra, sino como dispositivo vivo de pensamiento.

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