
En un tiempo en que la cultura popular se erige como el gran relato colectivo, la obra de Oliver Bastarrach se presenta como uno de los intentos más estimulantes de leer esa cultura no como mero entretenimiento, sino como materia literaria de primer orden. Sus libros —Stranger Monster Things, Stranger Vecna Things: El eco de los rotos, Rosalía, Fortnite & Tiktok e Influencers A.C.— forman un proyecto coherente y ambicioso: demostrar que las series, los videojuegos, la música viral y las dinámicas de las redes sociales no son solo productos de consumo, sino textos densos, cargados de resonancias filosóficas, mitológicas y morales que merecen el mismo trato riguroso y sensible que reservamos a la gran tradición literaria.
Bastarrach no “baja” la filosofía a la cultura pop ni “sube” la cultura pop a la filosofía. Hace algo más sutil y literariamente productivo: las coloca en un plano de igualdad dialógica. El resultado es un tipo de ensayo híbrido, a la vez accesible y exigente, que recuerda a ciertos momentos de Roland Barthes o Umberto Eco, pero con una temperatura emocional más cercana a la de los narradores contemporáneos que escriben desde la herida juvenil.
Lo monstruoso como espejo
Stranger Monster Things: Lo monstruoso en Stranger Things y su tradición filosófico-literaria es quizá su libro más logrado hasta la fecha. Aquí Bastarrach despliega una genealogía del monstruo que va desde Medusa y Grendel hasta el Demogorgon, el Azotamentes y Vecna. No se trata de un ejercicio de fan studies complaciente, sino de una verdadera arqueología cultural. El monstruo, nos recuerda, nunca ha sido solo una criatura; es siempre un límite: aquello que la cultura expulsa para definirse y que, sin embargo, regresa para revelarnos lo que somos.
Lo más interesante literariamente es cómo Bastarrach convierte el Upside Down en una metáfora poderosa del inconsciente colectivo contemporáneo. El mundo al revés no es solo un escenario de terror ochentero; es el lugar donde se depositan los traumas no elaborados, los secretos institucionales, los miedos al otro y las consecuencias de la hybris tecnológica. Cada criatura de la serie se lee como un síntoma: el Demogorgon encarna la fragilidad del cuerpo, el Mind Flayer la vulnerabilidad de la mente colectiva, Vecna la tiranía del trauma individual no procesado.
El ensayo alcanza momentos de verdadera densidad literaria cuando Bastarrach conecta estas figuras con la tradición del doble, del retorno de lo reprimido y de la unheimlich freudiana, pero sin academicismo seco. El estilo es fluido, casi narrativo en ocasiones, como si el propio ensayo estuviera habitado por la misma atmósfera inquietante que analiza.
De Vecna a los rotos
Stranger Vecna Things: El eco de los rotos parece dar un paso más hacia la creación literaria propiamente dicha. Aunque mantiene el anclaje en el universo de Stranger Things, el libro se adentra en territorio más narrativo y reflexivo. El subtítulo ya es revelador: “El eco de los rotos”. Vecna deja de ser solo el villano de temporada para convertirse en una figura trágica, casi miltoniana: un monstruo que nace del dolor de los fragmentados, de aquellos a quienes la sociedad ha roto y luego olvidado.
Aquí Bastarrach explora con especial agudeza cuestiones morales que la serie apenas roza: la responsabilidad colectiva ante el sufrimiento ajeno, los límites de la empatía y la facilidad con la que una comunidad puede sacrificar a sus más vulnerables para preservar su propia ilusión de normalidad. El terror se vuelve vehículo de una meditación ética que no sermonea, sino que interpela directamente al lector joven (y no tan joven) que reconoce en esos “rotos” algo propio.

La filosofía en TikTok
En Rosalía, Fortnite & Tiktok: Análisis de los referentes culturales juveniles, Bastarrach amplía el campo de batalla. Ya no solo Stranger Things: también Rosalía y su fusión de flamenco y reggaetón, Bad Bunny y su politización del perreo, Taylor Swift y la narrativa emocional serializada, Euphoria, The Last of Us, Fortnite y Minecraft.
Lo valioso aquí no es el catálogo de referencias (que cualquiera podría hacer), sino la manera en que Bastarrach las lee como textos filosóficos en acto. La cultura juvenil no es “entretenimiento”; es “pensamiento en acción”. En los quince segundos de un vídeo viral, en la coreografía de una canción o en la construcción de un mundo en Minecraft late la misma pregunta antigua: ¿quién soy?, ¿cómo se construye la identidad en un mundo de flujos constantes?, ¿qué significa la libertad cuando todo está medido en likes y engagement?
El libro dialoga con clásicos (Platón, Nietzsche, Arendt, Byung-Chul Han) sin citarlos como autoridades intocables, sino como compañeros de conversación. El resultado es un ensayo que respeta la inteligencia de su lector joven sin rebajarse nunca.

Los sofistas del siglo XXI
Influencers A.C.: Cómo los filósofos griegos inventaron el “engagement” hace 2.500 años cierra el círculo con ironía y profundidad. Bastarrach propone una tesis tan provocadora como convincente: los sofistas, esos maestros de la retórica a los que Platón tanto despreciaba, fueron los primeros influencers. Su arte consistía precisamente en captar atención, generar engagement emocional e intelectual, y convertir el reconocimiento público en capital simbólico.
El libro es un ejercicio brillante de anacronismo productivo: leer la Atenas clásica a la luz de Instagram y viceversa. Y lo hace sin cinismo. Bastarrach no condena la cultura del like; la entiende como una nueva manifestación de una necesidad humana antiquísima: ser visto, ser reconocido, existir ante los demás.

Un nuevo tipo de ensayista
Lo que une toda la obra de Oliver Bastarrach es una convicción literaria profunda: que la mejor forma de hacer literatura hoy quizá no sea escribir otra novela “seria” sobre el desencanto burgués, sino tomar los mitos que realmente habitan la imaginación colectiva —Vecna, el Upside Down, el algoritmo, la Rosalía que mezcla tradición y vanguardia— y someterlos a un escrutinio que sea a la vez filosófico, estético y ético.
Su prosa evita tanto la jerga académica como el tono desenfadado de mucho ensayo pop. Es clara sin ser simplona, culta sin ser pedante, emocional sin caer en la sensiblería. Consigue lo más difícil en el ensayo contemporáneo: que el lector termine pensando que ha leído literatura, no solo “sobre” literatura.
En un panorama donde la crítica cultural suele oscilar entre el desprecio elitista hacia lo popular y la celebración acrítica de cualquier producto de consumo, la obra de Bastarrach propone una tercera vía más fértil: la de la atención amorosa e inteligente. Atender a los monstruos que creamos, a los rotos que ignoramos, a los deseos de reconocimiento que nos atraviesan. Y hacerlo, además, con la seriedad y la belleza que solo la buena literatura sabe otorgar a las cosas aparentemente efímeras.
Porque, al fin y al cabo, como nos recuerda Bastarrach a través de sus múltiples máscaras: los monstruos siempre regresan. Y cuando regresan, nos traen noticias de nosotros mismos. Noticias que vale la pena leer con la misma intensidad con que leemos a los clásicos. Porque, en el fondo, son los mismos clásicos actualizados, mutados, vivos.

Deja un comentario