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[39] Cassandra Lasky: la filosofía como aventura polímata en la era digital

En un panorama literario saturado de especializaciones estrechas y discursos académicos encapsulados, la figura de Cassandra Lasky emerge como un caso singular: una autora que escribe desde la convicción de que el conocimiento no admite compartimentos estancos. Su obra, publicada principalmente de forma independiente en los últimos años, constituye una apuesta decidida por el pensamiento transversal, ese que se atreve a cruzar fronteras disciplinares sin pedir permiso.

Aunque su producción todavía es relativamente reciente y circula sobre todo en circuitos de autoedición y distribución digital, Lasky ya ha conseguido perfilar una voz reconocible dentro de lo que podríamos llamar ensayo contemporáneo para mentes inquietas. Sus títulos más destacados —Filosofía para polímatas, Conciencia infinitesimal para polímatas, Ciberseguridad para polímatas y la serie Conocimientos Transversales— comparten un mismo gesto fundacional: tomar un tema aparentemente especializado y desplegarlo en un abanico de perspectivas que van desde la historia hasta la estética, pasando por la ética, la ciencia cognitiva y la crítica cultural.

El gesto polímata

El término “polímata” no aparece en sus títulos por casualidad ni como postureo intelectual. Lasky lo utiliza en un sentido casi militante: defiende que la hiperespecialización contemporánea nos ha empobrecido, y que recuperar la capacidad de conectar saberes distantes no es un lujo renacentista, sino una necesidad urgente en un mundo saturado de información fragmentada.

En Filosofía para polímatas (publicado de forma independiente alrededor de 2022), la autora parte de una premisa aparentemente sencilla: la filosofía no debería ser patrimonio exclusivo de los departamentos universitarios. A partir de ahí construye un recorrido que salta sin complejos entre Heráclito, Deleuze, la neurociencia de la atención, el concepto japonés de ma y las prácticas artísticas contemporáneas. El resultado no es un manual ni una introducción divulgativa al uso; es más bien una invitación a pensar en voz alta, a permitir que las ideas choquen entre sí y generen chispas inesperadas.

Este mismo procedimiento se intensifica en Conciencia infinitesimal para polímatas (2024-2025), probablemente su libro más ambicioso hasta la fecha. Aquí Lasky propone que los “microdestellos” de atención consciente a lo mínimo —un instante de percepción, una pausa en la respiración, el roce de una textura— pueden convertirse en la base de una ética y una estética contemporáneas. La idea recuerda lejanamente a ciertas corrientes de la fenomenología y al mindfulness, pero se distancia radicalmente de ellas al rechazar tanto el tono terapéutico como la espiritualidad de mercado. En su lugar ofrece una mirada más fría y constructivista: la infinitesimalidad como técnica para fabricar subjetividad en tiempos de saturación atencional.

Ciberseguridad como problema filosófico

Uno de los giros más interesantes de su trayectoria reciente es la incursión en el terreno de la tecnología. Ciberseguridad para polímatas no es un libro de informática ni un manual de buenas prácticas digitales. Lasky lee la ciberseguridad como un problema ontológico y político: ¿qué significa ser un sujeto en un entorno donde la frontera entre lo propio y lo ajeno se ha vuelto técnicamente difusa? ¿Cómo se ejerce la soberanía sobre la propia mente cuando los vectores de ataque son algoritmos de recomendación, interfaces adictivas y modelos de negocio basados en la captura de atención?

La originalidad del enfoque radica en que Lasky no se queda en la denuncia ni en el lamento tecnofóbico. Propone, en cambio, una especie de ascetismo digital consciente que combina herramientas técnicas con prácticas filosóficas y estéticas. El resultado es un texto extraño y estimulante: a ratos parece un manifiesto, a ratos una meditación, a ratos una crónica de nuestra vulnerabilidad contemporánea.

Una escritura en construcción

Es importante señalar que la obra de Cassandra Lasky todavía está en una fase temprana. Su distribución mayoritariamente independiente y la ausencia (hasta ahora) de una gran editorial detrás limitan su alcance, pero también le otorgan una libertad notable. No escribe para comités académicos ni para listas de best-sellers; escribe para lectores que disfrutan sintiendo que el suelo bajo sus pies se mueve mientras leen.

Quizá por eso su prosa combina una claridad casi pedagógica con momentos de alta densidad conceptual. No rehúye la dificultad, pero tampoco la cultiva por sí misma. Hay una voluntad comunicativa que atraviesa todos sus libros: la sensación de que la autora está genuinamente interesada en que el lector entienda —y, sobre todo, en que siga pensando una vez que cierre el libro.

Hacia dónde va el polímata

En un momento en que la cultura parece oscilar entre la hiperespecialización técnica y la superficialidad de las tendencias virales, la propuesta de Lasky resulta incómoda y necesaria. No ofrece respuestas definitivas ni sistemas cerrados; ofrece, más bien, un entrenamiento mental para habitar la incertidumbre sin sucumbir a ella.

Si su trayectoria continúa en la línea actual, es probable que veamos en los próximos años nuevos volúmenes que amplíen esta cartografía del saber transversal: quizá una exploración de la inteligencia artificial desde la poética, o una reflexión sobre el colapso climático leída a través de la historia de las emociones. Sea cual sea el rumbo, Cassandra Lasky ya ha dejado claro que, para ella, escribir filosofía hoy significa, ante todo, negarse a elegir un solo idioma con el que pensar el mundo.

Y eso, en sí mismo, ya es una forma de resistencia.

Conciencia infinitesimal: la apuesta más arriesgada de Cassandra Lasky

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