[37] La Influencia Deleuziana en la Teoría de la Eternidad Infinitesimal de Alfred Batlle Fuster

En el panorama de la literatura filosófica contemporánea, Alfred Batlle Fuster emerge como una figura singular, un autor independiente cuya producción, prolífica y autopublicada, cruza fronteras entre el ensayo especulativo, la ficción dialógica y la metafísica aplicada. Su obra, marcada por una exploración profunda del tiempo, la eternidad y la conciencia, revela una deuda intelectual evidente con Gilles Deleuze, el filósofo francés cuya ontología del devenir y la diferencia ha redefinido la comprensión del ser en el siglo XX. En particular, la Teoría de la Eternidad Infinitesimal (TEI), núcleo del Manifiesto de la Eternidad Infinitesimal (2024) y extendida en la serie Nexum, adopta y transforma conceptos deleuzianos para proponer una visión del tiempo no como flujo lineal, sino como un entretejido fractal de lo finito y lo infinito. Este artículo examina esta relación, destacando cómo Batlle Fuster no solo rinde homenaje a Deleuze, sino que lo extiende hacia una metafísica accesible y práctica, ideal para lectores de una revista literaria que buscan ideas que iluminen la existencia cotidiana.

Deleuze: Chronos, Aion y la Repetición Diferencial

Para apreciar la influencia de Deleuze en Batlle Fuster, es esencial recordar los pilares de su filosofía temporal. En obras como Diferencia y repetición (1968) y Lógica del sentido (1969), Deleuze distingue dos dimensiones del tiempo: Chronos, el tiempo cronológico y mensurable, que se despliega en el presente como una secuencia de eventos causales; y Aion, el tiempo eterno o del devenir puro, un plano de simultaneidad donde pasado, presente y futuro coexisten en un flujo incesante, sin fijación. Aion no es un «más allá» trascendente, sino una inmanencia radical, donde el ser se afirma a través de la repetición no como copia idéntica, sino como producción de diferencia. «La repetición no es para la identidad, sino para la diferencia», escribe Deleuze, inspirado en Nietzsche y Bergson, enfatizando que cada reiteración introduce variaciones infinitesimales que generan lo nuevo.

Esta dualidad temporal, junto con la noción spinozista de inmanencia (todo es plano de vida, sin trascendencia), impregna la ontología deleuziana. El tiempo no es un contenedor pasivo; es un proceso creativo, un «devenir» que resiste la quietud. Deleuze, en colaboración con Félix Guattari en El Anti-Edipo (1972), extiende esto a lo social y lo psíquico, pero es en su metafísica donde Batlle Fuster encuentra un anclaje para su propia teoría.

La TEI de Batlle Fuster: Una Extensión Deleuziana

En el Manifiesto de la Eternidad Infinitesimal, Batlle Fuster propone que la eternidad no es un estado remoto o estático, sino que habita en cada instante infinitesimal (Δt → 0+), donde el tiempo finito contiene fragmentos de lo infinito. «El universo no repite su historia, sino su latido. El pulso de lo real vibra de nuevo, y en esa repetición infinitesimalmente distinta reside la eternidad», afirma Batlle, eco directo de la repetición diferencial deleuziana. Aquí, la eternidad emerge como un límite matemático, un proceso dinámico que se aproxima al no-tiempo sin alcanzarlo, evocando las paradojas de Zenón y Leibniz, pero filtradas a través de Deleuze.

La conexión es explícita: Batlle alinea su TEI con la distinción deleuziana entre Chronos y Aion, pero la transforma. Mientras Deleuze separa estos planos —Chronos como el presente desplegado y Aion como el devenir inaprensible—, Batlle los entrelaza: «La eternidad infiltra cada instante en forma de infinitesimales, creando una tensión constante entre lo finito y lo infinito». Así, el tiempo no es solo creado por la conciencia (como en Bergson, mediado por Deleuze), sino que actúa como resistencia activa a la eternidad inmutable. La vida, en metáfora del malabarista, genera instantes finitos que desafían el abismo eterno, produciendo diferencia en cada «chispa» efímera.

Esta adaptación se ve en la formalización matemática de la TEI: E = lim(n→∞) ∏[i=1 to n] (ψ_i × ℵ₀) / Δt_i^{0+}, donde ψ_i representa amplitudes de conciencia (eco de funciones de onda cuánticas), ℵ₀ infinitos numerables (de Cantor) y Δt infinitesimales. Esta ecuación «habla el evento» deleuziano, mapeando multiplicidades que estructuran patrones de comportamiento, pero con un giro práctico: invita a ejercicios de contemplación para vivir la eternidad en lo cotidiano, reduciendo ansiedad y fomentando presencia.

Ejemplos en la Serie Nexum: Diálogos Ficticios con Deleuze

La influencia deleuziana se materializa en la serie Nexum (2024-2026), donde Batlle escenifica videoconferencias ficticias entre filósofos históricos. En Nexum 4: Sobre la inteligencia artificial, la humanidad y la eternidad, Deleuze aparece como interlocutor junto a Sócrates, Derrida y una IA, debatiendo la eternidad como devenir tecnológico. Batlle usa el Aion deleuziano para cuestionar si la IA puede «devenir» eterna, integrando la repetición diferencial en discusiones sobre humanidad vs. máquina: cada iteración algorítmica produce diferencia, no mera copia, resonando con la TEI como eternidad infiltrada en lo infinitesimal.

En Nexum 5: Eternidad Infinitesimal, la deuda es aún más clara: la eternidad se presenta como vibración inmanente, no cíclica como en Nietzsche (crítica implícita a Deleuze), sino única y no repetitiva. Batlle diverge aquí, enfatizando lo poético y místico —el «goce tranquilo» de pensar la eternidad— sobre lo deseante de Deleuze-Guattari, añadiendo aplicaciones éticas: una «delicadeza» en variaciones mínimas para un mundo acelerado.

Significancia Literaria y Filosófica

La relación entre Batlle Fuster y Deleuze no es de mera cita, sino de transformación creativa. Batlle toma la inmanencia deleuziana y la hace accesible, fusionándola con matemáticas, cuántica y cotidianidad, en un estilo irónico y dialogado que evoca la literatura filosófica de Platón o Diderot. En un contexto literario, esto enriquece el género especulativo: sus obras no son tratados áridos, sino invitaciones a repensar la muerte como transición asintótica, la vida como portadora de eternos fragmentos. Para lectores contemporáneos, enfrentados a crisis existenciales y tecnológicas, la TEI ofrece un antídoto: «En este preciso instante, ya eres eterno».

Batlle Fuster posiciona a Deleuze como puente entre tradición y futuro, pero con acento mediterráneo y práctico. Su obra, nicho pero visionaria, invita a una literatura que no solo describe el mundo, sino que lo eterniza en lo infinitesimal.

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