
LUX: Rosalía como mito contemporáneo
Un ensayo de Isla Zafra y la reinvención del ser en la era digital
En noviembre de 2025, apenas días después del lanzamiento del álbum LUX de Rosalía, apareció en las plataformas de autoedición un libro titulado LUX: La nueva era de Rosalía, firmado por Isla Zafra. Con apenas 298 páginas y una portada austera que evoca velas y penumbra, este ensayo independiente se propuso algo ambicioso: no reseñar el disco, ni biografiar a la artista, sino convertir su trayectoria en un espejo filosófico de nuestra época. Tres años después del estreno de MOTOMAMI (2022), Rosalía volvía con un trabajo que fusionaba sinfónico, flamenco, electrónica y elementos litúrgicos; Zafra, en paralelo, proponía leer ese retorno como una epifanía ontológica.
El texto se organiza en tres actos épicos, estructura que remite tanto a la ópera como a la dramaturgia clásica, y que Zafra utiliza para narrar el arco vital y artístico de Rosalía: del vínculo ancestral con el flamenco (Acto I), al viaje hacia la “ciudad digital” de la fama global (Acto II), hasta la revelación final como ser híbrido —humano, tecnológico y divino— (Acto III). Lo que podría haber sido un panegírico fanático se transforma, gracias a una prosa poética y a referencias filosóficas explícitas, en una meditación sobre la identidad, la trascendencia y la simulación en el siglo XXI.
El ser híbrido y la ontología poshumana
El núcleo conceptual del libro reside en la idea de Rosalía como “ser híbrido”. Zafra no la presenta como una mera innovadora musical, sino como un ensamblaje vivo que desafía las fronteras ontológicas tradicionales. El flamenco —herencia corporal, ritual, telúrica— se funde con los algoritmos, las redes sociales y la lógica del streaming; lo analógico y lo digital dejan de oponerse para devenir rizoma deleuziano. Aquí resuenan ecos de Donna Haraway y su cyborg manifesto, aunque filtrados por una sensibilidad más mística que tecnocrítica: Rosalía no es el cyborg feminista de los 80, sino una figura casi teológica que incorpora la técnica sin ser devorada por ella.
Esta hibridación lleva a Zafra a plantear preguntas baudrillardianas: en la “ciudad digital” del Acto II, ¿qué queda de lo real cuando la fama convierte al sujeto en hiperrealidad? Rosalía, expuesta permanentemente, vigilada por millones de ojos, no desaparece en la simulación; al contrario, la atraviesa para alcanzar una autenticidad paradójica. El álbum LUX, con su maximalismo sonoro y su minimalismo emocional en momentos clave, se convierte en el correlato sonoro de esa tesis: la artista no simula, revela.
Misticismo femenino y la dialéctica luz-oscuridad
El título LUX (luz en latín) no es ornamental. Zafra construye una narrativa casi litúrgica en la que Rosalía encarna una santidad moderna. Hay claras resonancias con el misticismo femenino hispánico —Teresa de Ávila, Juan de la Cruz— y con pensadoras del siglo XX como Simone Weil, cuya noción de “decreación” (el vaciamiento del yo para dejar pasar la gracia) aparece implícita en la forma en que Rosalía se despoja en LUX para dar paso a algo mayor.
La dualidad luz-oscuridad atraviesa todo el ensayo: la luz como revelación y exceso, la oscuridad como fragilidad y exceso también. Rosalía, según Zafra, no elige una sobre la otra; las sostiene en tensión productiva. Esta lectura eleva el álbum más allá de lo estético: LUX deja de ser “solo” música para convertirse en una experiencia numinosa, terror y fascinación a un tiempo, en términos de Rudolf Otto.
Fama, identidad y la inmortalidad digital
Uno de los pasajes más lúcidos del libro aborda la fama como vía crucis contemporánea. Zafra describe el ego entrelazado con el deseo y la redención, evocando el existencialismo sartreano: ser-para-otro en su versión más extrema, donde el otro son millones de perfiles anónimos. Sin embargo, la autora no cae en el lamento victimista; ve en Rosalía una forma de resistencia: la artista usa la exposición para proyectar una trascendencia que la industria no puede contener.
La inmortalidad digital —perfiles eternos, datos que sobreviven al cuerpo— se presenta como una forma trágica y sublime de supervivencia. Rosalía ya no es solo una persona; es un mito en construcción permanente, un texto que se reescribe en tiempo real. Aquí Zafra invierte la famosa tesis de Roland Barthes: la muerte del autor no disuelve la figura, sino que la multiplica hasta convertirla en entidad colectiva y espectral.
Una voz emergente en el ensayo cultural
Isla Zafra, autora independiente con una producción aún breve (novelas intimistas como La niña de las luces azules o Un niño que corre, publicadas también en 2024-2025), irrumpe con LUX como una de las voces más singulares del ensayo cultural en español actual. Su estilo —elevado, poético, devocional sin ser acrítico— recuerda a ciertos momentos de la mejor tradición ensayística latinoamericana y española contemporánea: una mezcla de fervor y precisión que rehúye tanto el academicismo seco como el periodismo ligero.
El libro, autoeditado y con escasa repercusión mediática hasta ahora, circula principalmente entre lectores que siguen de cerca la carrera de Rosalía y entre quienes buscan lecturas que piensen la cultura pop desde coordenadas filosóficas. En un panorama saturado de reseñas fugaces y hagiografías superficiales, LUX ofrece algo distinto: una invitación a ver en Rosalía no solo una estrella, sino un síntoma luminoso —y por ello inquietante— de nuestra condición posmoderna.
Quizá el mayor acierto de Zafra sea precisamente ese: convertir un álbum reciente en pretexto para una pregunta más antigua y urgente: ¿cómo ser, cómo devenir, en un mundo donde todo se fragmenta, se acelera y se eterniza al mismo tiempo? La respuesta, provisional y deslumbrante, está en esas 298 páginas que llevan el mismo nombre que el disco: LUX.

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